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Tony Gali no es el caballo de Troya del Armentismo

Columna de opinión Adriana Colchado (@tamalito_rosa)

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¡Cómo quieren vendernos una historia que no cuadra!

Una fotografía. Dos manos estrechándose. Tony Gali Fayad y Fedrha Suriano Corrales. Y, de inmediato, la maquinaria política poblana comenzó a conspirar y construir una narrativa de bastante interesante: Tony Gali habría pedido autorización al gobernador Alejandro Armenta para estrenarse en la mano de Fedrha Suriano, dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, y con ello comenzar a construir su eventual candidatura para regresar a la presidencia municipal de Puebla.

La teoría tiene un ingrediente todavía más sabroso: que Gali sería, en realidad, una posición de Armenta dentro del partido naranja.

Es decir, un infiltrado.

Un caballo de Troya.

Un agente secreto, pero con mejor sonrisa y menos discreción.

Y, honestamente, la historia está buena, pero políticamente no termina de cuadrar.

Porque quienes hacen correr esa versión parecen olvidar algo fundamental: Alejandro Armenta podrá tener sus propios intereses, sus propios grupos y, por supuesto, sus propios alfiles —porque ningún gobernador llega al poder para sentarse seis años a contemplar el paisaje—, pero también forma parte de una estructura política mucho más grande.

Armenta responde a Morena.

Y, particularmente, a la presidenta Claudia Sheinbaum.

En Puebla podrán existir diferentes grupos, corrientes, nostalgias y hasta oficinas políticas que todavía reciben llamadas desde otros lugares —usted ponga el nombre geográfico que quiera—, pero el gobernador poblano ha dejado claro dónde está su alineación política.

Y esa alineación tiene nombre y apellido: Claudia Sheinbaum.

Por eso resulta difícil creer que Armenta esté dispuesto a jugar a dos bandas y utilizar a Tony Gali para fortalecer a Movimiento Ciudadano con el objetivo de quitarle votos a Morena en la elección más importante del estado: Puebla capital.

Porque estamos hablando de Puebla capital, no de la elección de la mesa directiva de una colonia. Es la quinta ciudad más importante del país y un bastión político fundamental para cualquier proyecto nacional.

¿De verdad Alejandro Armenta pondría en riesgo esa plaza solamente para colocar a un personaje cercano bajo otras siglas?

Yo no lo creo.

Pese a que la posible candidatura de Néstor Camarillo por Movimiento Ciudadano sí podría resultar incómoda para el gobierno estatal.

Néstor tiene estructura, conoce la operación electoral, tiene presencia y, sobre todo, tiene algo que puede convertirse en un problema para Morena: la capacidad de construir una candidatura competitiva desde fuera de los partidos tradicionales.

Pero una cosa es que Néstor resulte incómodo y otra muy distinta que el gobernador esté dispuesto a regalarle una posición a Tony Gali para evitar que Camarillo llegue a la boleta.

Porque Armenta podrá buscar que sus cercanos tengan espacios —como cualquier gobernador con poder político—, pero también sabe que, si la dirigencia nacional de Morena decide que la candidatura será para otra persona, tendrá que respaldar al perfil que sea palomeado desde arriba.

Ahora bien, que Tony Gali no sea una posición secreta de Armenta no significa que no tenga una buena relación con el gobernador. La tiene. No existe, hasta donde se observa públicamente, una animadversión entre ambos. Al contrario. Hay respeto y cercanía política.

Además, su hijo, Tony Gali López, es diputado federal por el Partido Verde Ecologista de México, aliado de Morena, y ha acompañado en diversas ocasiones el discurso político de respaldo al gobierno estatal.

Entonces, claro que resulta fácil construir la teoría.

Gali se lleva bien con Armenta.

Su hijo está en el Verde.

Se reúne con Fedrha Suriano.

Movimiento Ciudadano necesita un candidato fuerte.

¡Listo! Ya tenemos conspiración.

Pero las relaciones políticas no siempre son instrucciones políticas.

Y quizá estamos buscando la mano de Armenta en una jugada que, para mí, tiene muchas más huellas de Fedrha Suriano.

Porque hay algo que tampoco debemos olvidar: la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano nunca pareció particularmente emocionada ante la posibilidad de que Néstor Camarillo aterrizara cómodamente en el partido naranja.

Y es entendible.

Néstor no llegaría solo, llegaría con un grupo, con operadores, con expriistas, con intereses y, eventualmente, con ganas de colocar posiciones. Porque así funciona la política: nadie cruza de partido cargando únicamente una mochila y sus buenas intenciones.

Entonces, si Suriano permite que un personaje con la experiencia y estructura de Camarillo se convierta en la principal figura de Movimiento Ciudadano en Puebla, corre el riesgo de que el partido termine reorganizándose alrededor de un grupo que no construyó ella.

Y ahí es donde aparece Tony Gali.

Porque Tony Gali es una carta completamente distinta.

Es conocido.

Es popular.

Tiene una imagen amable.

Tiene experiencia electoral.

Ya fue alcalde de Puebla y gobernador del estado.

No necesita que alguien le explique quién es quién en la política poblana ni requiere seis meses de espectaculares para que la gente aprenda a pronunciar su apellido.

Tony Gali ya está posicionado.

Y eso, para un partido como Movimiento Ciudadano, vale muchísimo.

Sobre todo porque, si el objetivo es competir seriamente por Puebla capital, no basta con tener un candidato que represente una ruptura con el PRI o que pueda contar una historia de oposición.

Se necesita alguien que pueda entrar a la campaña con reconocimiento inmediato.

Y Tony lo tiene.

Además, hay otro factor que me parece fundamental: Gali probablemente está cansado de ser el hombre del “sí, señor”. Ya vivió una carrera política marcada por jerarquías muy claras. Fue parte del grupo de Rafael Moreno Valle y nadie puede entender su ascenso político sin comprender esa relación.

Pero una cosa es reconocer quién te ayudó a llegar y otra permanecer eternamente condenado a vivir bajo la sombra de alguien más. Tony Gali conoce las jerarquías. Las respeta. Pero quizá, a estas alturas de su vida política, también quiere una segunda oportunidad con mayor margen de autonomía.

Y Movimiento Ciudadano podría ofrecerle justamente eso, una candidatura sin la obligación de entregarle por completo su proyecto político a un gobernador. Sin tener que formar parte de una estructura donde, antes de levantar la mano, hay que preguntar quién más la levantó. Sin el compromiso inquebrantable con el Ejecutivo. Y eso podría resultar muy atractivo.

Por eso yo tendría cuidado antes de comprar la versión de que Tony Gali es un infiltrado del armentismo.

Porque esa narrativa, además, tiene un problema enorme: supone que Armenta estaría dispuesto a confrontarse con la dirigencia nacional de Morena y con la propia presidenta Claudia Sheinbaum para operar una candidatura competitiva desde Movimiento Ciudadano.

Y no parece lógico.

Armenta tiene intereses propios, sí. Tiene grupos, sí. Tiene aspiraciones para el futuro político de Puebla, por supuesto. Pero también sabe quién le dio la mano política con la que hoy gobierna.

Y sabe perfectamente que las decisiones más importantes rumbo a 2027 no se tomarán solamente en Casa Aguayo.

Así que, antes de buscar conspiradores debajo de cada fotografía, quizá habría que mirar a quien realmente tiene interés en mover las piezas dentro de Movimiento Ciudadano.

Porque mientras todos están ocupados preguntándose si Tony Gali llegó con el permiso de Alejandro Armenta, quizá Fedrha Suriano está haciendo algo mucho más sencillo: evitar que Néstor Camarillo se quede con las llaves del partido naranja. Y, para hacerlo, encontró una carta bastante interesante, una carta que conoce Puebla y que sabe ganar.

Tony Gali puede ser muchas cosas. Pero, por ahora, yo no lo veo como un infiltrado.

Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.

Por Adriana Colchado @Tamalito_Rosa